Lucia de Lammermoor – Teatro Real – (ENTRADA GRATUITA)
Info:
Eventos pasados, Ópera
Duración:
2 h 40 min
Director:
Daniel Oren, David Alden
Actores:
-
Restricciones de edad:
TODOS LOS PUBLICOS
Idioma:
-


ACTO I

 

El rencor enfrenta a las nobles familias escocesas de los Ashton y los Ravenswood. Enrico Ashton es responsable de la muerte del padre de Edgardo Ravenswood, al que ha desposeído de la mayor parte de su patrimonio y, sobre todo, del castillo que lleva su apellido.

Enrico, que antaño se había visto favorecido por el poder real y que ahora ve declinar su estrella, está muy preocupado porque ha salido malparado de las luchas políticas en Escocia, y viéndose necesitado de sólidas alianzas, exige a su hermana Lucia que se case con lord Arturo Bucklaw, pero ella se niega a hacerlo alegando el luto por la pérdida de su madre.

 

Cuadro 1

En los jardines del castillo de Ravenswood, Normanno, jefe de la guardia, pide a las gentes del lugar que busquen a un misterioso forastero que desde hace algún tiempo merodea por los alrededores. Lord Enrico Ashton y Raimondo Bidebent, capellán de Ravenswood y preceptor de la joven Lucia, se reúnen con Normanno. Este último sospecha que Lucia tiene un amor secreto, un hombre con el que se encuentra todos los días al amanecer en los jardines del castillo: probablemente se trata del desconocido que tiempo atrás la salvó de la muerte al disparar sobre un toro bravo que estaba a punto de acometerla mientras la joven paseaba, y ese hombre no es otro que Edgardo Ravenswood, enemigo de su señor. Normanno expone a Ashton sus sospechas. La ira de Enrico es terrible, y se acrecienta cuando las gentes del lugar le confirman que, efectivamente, el forastero es Edgardo. Ashton clama venganza y Raimondo le pide que recapacite.

 

Cuadro 2

Lucia y Alisa, su dama de compañía, esperan a Edgardo en un solitario rincón de los jardines, cerca de una fuente medio derruida. La joven manifiesta su inquietud por el encuentro, y Alisa le pide que acabe con esa relación que sólo ha de aportarle dolor, pero Lucia no se siente capaz de hacerlo. Ésta contempla sobrecogida la fuente: una antigua leyenda cuenta que, movido por los celos, un Ravenswood dio muerte a su esposa en aquel mismo lugar, y que la infortunada reposa aún en sus aguas. Lucia asegura a Alisa que la muerta se le ha aparecido y que ha intentado hablarle, y su compañera, tras augurarle tristes presagios, se retira.

Entra en escena Edgardo. Éste debe marchar a Francia por razones de índole política, pero antes desea reconciliarse con su enemigo, Enrico, y pedirle la mano de Lucia para sellar así la paz entre ambas familias. La joven, que conoce los sentimientos de su hermano, trata de disuadir a Edgardo o, al menos, de hacerle postergar tal iniciativa. Éste se indigna y le recuerda que ha jurado venganza, y añade que aún podría cumplir tal promesa. Lucia logra calmarlo con palabras afectuosas. A continuación los enamorados sellan su amor intercambiándose unos anillos y juran considerarse marido y mujer a partir de ese momento. Lucia pide a Edgardo que no se olvide de escribirle mientras se halle ausente.

 

Cuadro 3

Aposentos de lord Enrico Ashton. Ha pasado largo tiempo desde la marcha de Edgardo, y Lucia, que no ha vuelto a tener noticias del amado porque Enrico ha interceptado todas las cartas que su odiado enemigo ha ido enviando a la joven, ve cómo sus días transcurren tristes entre los muros del castillo de Ravenswood.

 

Enrico se ha resuelto finalmente a casar a su hermana con lord Arturo Bucklaw, al que se espera en el castillo junto a los parientes y demás invitados a la boda. Normanno entrega a Ashton una carta falsificada en la que Edgardo afirma amar a otra mujer.

Llamada a presencia de su hermano, Lucia escucha angustiada lo que éste ha decidido, y aterrada le confiesa que no puede aceptar a Arturo porque ha hecho promesa de matrimonio a Edgardo. Entonces Enrico le muestra la carta falsificada, afirmando que Edgardo es un seductor despreciable que jamás tuvo intención de cumplir su palabra. Lucia cree a su hermano: convencida de la traición de su amado, ya no tiene fuerzas para oponerse a lo que de ella exige Ashton, que trata de hacerle comprender la enorme importancia que tiene para él su matrimonio con Bucklaw. Aparece Raimondo: el sacerdote está sinceramente convencido de la traición de Edgardo, por lo que aconseja a la joven que cumpla el deseo de su hermano. Ésta, transida de dolor, se pliega a su voluntad.

 

Cuadro 4

Salón engalanado del castillo de Ravenswood. Ya han llegado los invitados a la boda, y se espera de un momento a otro al novio, lord Arturo, que no tarda en aparecer entre grandes muestras de alegría. Como se esperaba, Arturo promete a Enrico toda su ayuda en nombre del nuevo parentesco; luego pregunta por su futura esposa, y Ashton le pide que no se alarme si la ve triste y abatida, pues aún está muy reciente la muerte de su madre. Al cabo hace su aparición Lucia, muy pálida, sostenida por Raimondo y Alisa. Conducida hasta una mesa, la joven firma las capitulaciones. En ese momento, tras superar la barrera de los criados, Edgardo irrumpe en el salón; al verlo, Lucia se siente desfallecer. Edgardo se arroja sobre su enemigo con la espada desenvainada, pero Raimondo logra interponerse entre los contendientes; luego muestra al joven el documento firmado por su amada. Edgardo pregunta a Lucia si esa firma es la suya, y al asentir ésta le devuelve el anillo que otrora se habían intercambiado, al tiempo que le reclama el suyo. La infeliz Lucia se lo devuelve, y Edgardo se aleja del lugar maldiciendo a toda la estirpe de los Ashton.

 

 

ACTO II

 

Cuadro 1

La ruinosa torre de Wolferag, actual residencia de los Ravenswood. Se ha desencadenado una terrible tormenta. Edgardo está solo, sumido en sus tristes pensamientos. De repente, extrañado, oye piafar un caballo en el exterior. Enrico, altanero, se presenta en la casa, y Edgardo le recrimina su presencia allí, a lo que su enemigo responde que también él había mancillado poco antes el castillo de Ravenswood: aunque la fiesta continúa, él ha venido a exigirle explicaciones por los insultos dirigidos a su hermana. Los dos hombres se retan a duelo, que tendrá lugar al amanecer en el cementerio del castillo, y ambos dan muestras de impaciencia por ver salir cuanto antes el sol para acabar con su enemigo; luego se separan.

 

Cuadro II

Salón del castillo de Ravenswood. Los invitados aún siguen festejando la boda de Lucia y Arturo, aunque los novios ya se han retirado. Inesperadamente, Raimondo entra e interrumpe la alegría general al anunciar que una terrible desgracia ha caído sobre la mansión: en un ataque de locura, Lucia ha herido de muerte a su esposo con una espada. En medio de la sorpresa y consternación de los presentes, aparece Lucia, pálida y ausente: en su desvarío no reconoce a nadie, y como en un delirio cree encontrarse ante un altar cubierto de rosas y estar viendo un fantasma que la separa de su amado Edgardo, con el que entabla un incoherente e imaginario diálogo.

 

 

Informado del asesinato, e indignado con su hermana, Enrico entra furioso en la estancia, pero al verla en semejante estado pide angustiado a Alisa y Raimondo que cuiden de ella; el sacerdote le reprocha amargamente su crueldad con Lucia, y lo mismo hace con el mendaz Normanno, a quien augura las penas del infierno. En su creciente locura, la joven cae al suelo desmayada.

 

Cuadro III

Edgardo acude a su duelo a muerte junto a las tumbas de los Ravenswood; al fondo el castillo iluminado resplandece en la noche. El joven está decidido a dejarse matar arrojándose sobre el acero enemigo: la vida, sin Lucia, ya no tiene sentido para él. Mientras se halla abstraído en sus tristes pensamientos, acuden gentes desde el castillo que le informan de lo sucedido. Edgardo sabe así de la triste situación en que se encuentra su amada: desearía correr a verla, pero Raimondo, que aparece en ese momento, se lo impide y le anuncia que Lucia ha muerto. El joven, desesperado, no lo duda un instante: invocando tiernamente el recuerdo de Lucia, se clava su propia daga en el corazón sin que ninguno de los presentes pueda evitar su desesperado gesto.